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Una visita a la diversidad geológica en la colección de Martín Fernández, un geólogo vocacional

Es domingo por la mañana en un pueblo de la Sierra de Guadarrama. Luce un potente sol de primavera y una agradable brisa.  Unos Amigos de la Asociación me han invitado a conocer la colección geológica de Martín Fernández y aquí estamos.

La plaza del pueblo aún no está muy concurrida y tras un café nos dirigimos a la casa de Martín para ver su colección de rocas y minerales, recopilada durante 50 años. Acaba de sacarla de las cajas la semana anterior y de ordenarla. Aunque ya ha realizado importantes iniciativas para la divulgación del patrimonio geológico (entre ellas el jardín museo geológico de Colmenar Viejo), está abriendo una nueva etapa y quiere compartirla con la mayor cantidad de gente. Somos los primeros en este caso. Todo un privilegio.     

La vista de la sierra desde la casa es magnífica, por eso la eligió

Martín es hijo de un cantero de Colmenar Viejo y desde su infancia ha tenido contacto con las rocas. También ha sido técnico aeronáutico, gemólogo y joyero, pero sobre todo es un Geólogo Naturalista apasionado y autodidacta. No hay más que oírle.

En la entrada se alinean diferentes tipos de rocas (pliegues, troncos fosilizados, rocas metamórficas, etc.) como si, también, nos esperaran. Al primer comentario que hacemos sobre ellas, Martín se dispara, la pasión le puede; y comienzan sus explicaciones, rápidas, precisas, le desbordan las ganas de compartir el tesoro geológico que vemos y el tiempo es escaso.

Y así empieza la visita; cada roca una historia, un lugar y una síntesis de su rareza o peculiaridad geológica. Nos va dejando boquiabiertos en cada paso. Ya en el jardín, junto a un largo muro, nos espera una larga bandeja, cubierta por un tejadillo ondulado de plástico, atiborrada de rocas, clasificadas según diferentes criterios personales. Cada roca tiene una explicación geológica más curiosa que la anterior, muchas de ellas inéditas, teorías propias pero consistentes, sin publicaciones o catalogaciones asociadas oficiales. Muchas a la espera de algún experto académicos disponible para estudiar y publicar su estudio.

Sorprende encontrar que muchas rocas no esperadas son del Sistema Central: Sierra de Guadarrama, Somosierra, Sierra de Ayllón, Mirabel, Cerro de San Pedro, olistostroma de Atienza,…parece que Martín se ha pateado palmo a palmo el territorio. Nos sorprende ver berilos heliodoro del Cerro de San Pedro, estructuras tectónicas de mantos de corrimiento del Guadarrama, pegmatitas de todos los lugares, enormes placas de pizarra con quiastolitas centimétricas, rocas eruptivas…

Martín se deleita en explicaciones minuciosas sobre el origen de cada una de las estructuras, pero sin olvidar que debe pasar a otra historia sin demora.  Hay demasiadas rocas que mostrar y muy poco tiempo. El conocimiento desborda. Sus favoritas, aparentemente, las que esconden estructuras tectónicas y casos raros de génesis. No hay descanso. Todo es interesante.  Con tono claro, científico y apasionado, logra trasmitir la esencia.

Tras un breve receso con refrigerio queda lo importante, que está dentro de la casa. Nos recibe un grupo de dos enormes cristales de cuarzo ahumado que pesará más de 50 kg. Y pasamos a una vitrina diseñada por Martín, que contiene algunos de sus mejores ejemplares y algunos casos únicos. Berilos, pepitas de oro, kunzitas, grupos de apatitos increíbles, amatistas, aguamarinas …. Muchos de origen brasileño y uruguayos, pero también de la sierra madrileña. También, nos da una lección magistral de la formación de extrañas y excéntricas geodas.

Pasamos a otra amplia sala de la casa con largas mesas de madera cubiertas de sábanas blancas bajo las que se intuyen cientos de piezas sorpresa. Martín, como si fuera un mago, va destapando una a una para controlar la atención y dosificar el efecto asombro. Una mesa con increíbles e innumerables y espectaculares ejemplares de estromatolitos de diversos orígenes (más de cien), otra con fulguritas de la Sierra de Guadarrama, otra con ejemplares de plantas fósiles cretácicas también de la sierra a la espera de ser investigados en detalle, etc…

Y se nos echa el tiempo encima, no podemos descubrir más mesas.

Sin embargo, no se resiste a llevarnos al piso de arriba, solo para ponernos los dientes más largos, y mostrar una sala llena de vitrinas bajas con una colección increíble de cristales y minerales. Todo ordenado según criterios didácticos y orientada a la divulgación científica, pero no por ello de menos calidad.

Ahora sí que nos tenemos que ir pues la hora de comer está muy pasada y tenemos que volver a casa. Martín nos invita a continuar con la visita en otra ocasión.  

Nos despedimos no sin antes firmar en un libro que ha abierto para sus visitas. Esto se nos ha quedado como un aperitivo en la tarea de ayudar a difundir y aumentar la cultura geológica en este país. Con personas como Martín está asegurado.     

Una mañana de domingo agradable, intensa y muy estimulante. La pasión es contagiosa.  

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